miércoles, 23 de febrero de 2011

NECESITAMOS CAMBIAR

Habitan muchas inquietudes en mi corazón, algunas son manejables para mi, las que conciernen a mi pequeño entorno y forma de vivir, sin embargo hay otras que me producen una preocupación que ha ido en aumento poco a poco a lo largo de los últimos años, y esa inquietud no es ni mas ni menos que nuestro incierto futuro en este planeta.Normalmente todos nos hacemos una valoración rápida al respecto calculando los años que más o menos creemos que estaremos vivos por aquí, y si la cuenta no nos da a nuestro favor, evitamos gastar energía pensando en ese futuro que no veremos. Esa manera egoísta de pensar es la que prevalece hoy en día, y la que pienso que conducirá a ésta humanidad a una dura supervivencia en el próximo siglo (si... eso queda muy lejos aún para los que vivimos hoy en día) pero querría exponer aquí algunos datos que quizá muevan la conciencia de algunos que en la profundidad de su pensamiento creen que en realidad las cosas no deberían ser así.

He sacado de la revista Investigación y Ciencia un articulo de M.Greanger Morgan que es director de ingeniería política pública en la universidad Camegie-Mellon y director del Centro de Decisiones Sobre el Clima, que creo muy interesante. Lo voy a transcribir en un intento de que abran conciencia.


Todos tomamos decisiones basadas en informaciones inciertas una y otra vez.Decidimos qué estudiar,cuál será nuestra profesión, con quien nos casaremos y si vamos a tener hijos o no a partir de datos incompletos e inciertos. La situación de los gobiernos no es distinta. Pueden financiar el transporte,financiar política social, declarar la guerra ó firmar la paz, pero nunca saben con total certeza cúales serán los resultados.

Aunque existen numerosas incertidumbres respecto al cambio climáticosabemos mucho más de cómo responderá el planeta a un incremento sustancial de la concentración de dióxido de carbono atmosférico que muchos de los problemas a los que nos enfrentamos en nuestra vida privada o en la política. La activad humana en los dos ultimos siglos ha puesto al planeta en un riesgo enorme. Si no actuamos pronto para cambiar nuestro modelo energético y para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, en nuestro siglo nuestros hijos y nietos presenciarán cambios profundos en los ecosistemas y en el clima. Algo que pondría en peligro no sólo nuestra forma de vida, sino nuestra supervivencia de miles de millones de personas en los países de desarrollo. Aunque los climatólogos y asesores deberían ser más cuidadosos y explícitos cuando se dirigen al público, no son las incertidumbres científicas lo que impide avanzar en cuestiones políticas.

Lo primero que hemos de hacer es dejar al lado la idea de que todos los países deben ponerse de acuerdo antes de que cualquiera de ellos se tome en serio una reducción en las emisiones de carbono. De lo contrario el retraso se contará en decenios. Debemos seguir buscando acuerdos internacionales, pero con énfasis en que son la naiones, a modo individual quienes deben adoptar medidas con prontitud. Debemos desarrollar estrategias internacionales que integren diferentes políticas de control de emisiones en acuerdos de mayor alcance e inducir a los rezagados a subir a bordo, ya sea mediante argumentos morales o a través de tasas aduaneras a sus importaciones.

Es necesario acabar con la actitud mental de < o ellos o nosotros>. Es cierto que el primer mundo se ha beneficiado de siglos de desarrollo gracias a las emisiones ilimitadas de gases de efecto invernadero. Pero ha estado usted últimamente en China, Brasil o India hace poco?
Todos los aviones, automóviles y teléfonos móviles son también una consecuencia de aquellos años de desarrollo. Gracias a que pueden permitirselo son los países del primer mundo quienes tienen la obligación de tomar la iniciativa en el control de emisiones. Pero los límites de la responsabilidad no están tan definidos como muchos creen. Millones de individuos de elevada posición social en los países emergentes generan emisiones tan elevadas como las de cualquiera. No deberían tener las manos libres.

Por último, es necesario que el público comprenda algunos aspectos fundamentales. En un estudio que mis colaboradores presentaron hace quince años en la revista Risk Analysis y que hemos repetido este año entendimos que gran parte de la poblaciön no entiende la diferencia entre clima y tiempo, y que siguen siendo mayoría quienes ignoran que la combustión de carbón, petróleo o gas natural constituye  la principal causa del cambio climático. La educación no será sencilla, porque son muchos los poderes económicos que invierten miles de millones para proteger sus intereses a corto plazo y mantener al público desorientado. Además, el Climategate se ha utilizado para aumentar más aún la confusión.

Hicieron falta décadas para despejar las dudas sobre la relación cancer y tabaco. Si no actuamos pronto para reducir de manera drástica las emisiones de carbono, dentro de unos cuantos decenios podemos vernos encarrilados hacia la catástrofe. No tenemos, desde luego una certeza total. Pero el peligro es real y los pronósticos no son favorables.

1 comentario:

  1. +1, sin duda el principal problema está en la Educación del pueblo. Me gusta pensar en el fondo que la gente no actúa mal a conciencia, sino a causa del desconocimiento.

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